de íberos a cristianos

pretÉritamente presente

Álora es hoy uno de los pueblos más receptivos, pues se dice que los perotes han visto y saben de casi todo, portadores de una filosofía de vida que solo tienen los pueblos con mucha historia a sus espaldas.

El municipio aloreño es un bastión a través de los tiempos. Una tierra de antigua civilización mediterránea con vestigios de la prehistoria y restos romanos y árabes. Álora ha sido una región de paso, expuesta a los ataques y contraataques, a las dominaciones y contra dominaciones. Cada una de estas fases históricas ha dejado una señal que podemos descubrir en una búsqueda emocionante. Ciudad fronteriza, llave de entrada desde las tierras interiores hacia el mar, fue un baluarte apetecido de reyes castellanos que, en vano, durante la Edad Media, buscaban una penetración hacia Málaga, o hacia otras tierras del reino de Granada. En Álora es posible gozar de las bellezas de la naturaleza, y al mismo tiempo, de la cultura.

A través de los tiempos, las huellas de las antiguas civilizaciones que se asentaron en Álora son aún visibles hoy en día:

Íberos: de las actividades mercantiles de los fenicios surgió el poblado íbero de Iluso en el Cerro de las Torres, con un alfar en el Arroyo Hondo.

Romanos: restos de utensilios domésticos, fragmentos de columnas y pedestales, lápidas y restos de construcciones en Canca.

Árabes: el castillo en el Cerro de las Torres, a 100 metros sobre el nivel del río, es el signo más evidente de este pueblo. Fue declarado Monumento Nacional en 1931 y Bien de Interés Cultural, y posee en su interior un arco que destaca por ser único en Occidente. Su construcción ya había comenzado por los romanos sobre el poblado íbero, con una fortificación y primera base. A partir de estos elementos, los árabes lo convirtieron en residencia, alcazaba y lugar de difícil acceso y conquista. Más tarde, en el siglo V, los visigodos lo arrasaron en una de sus periódicas incursiones.

Cristianos: destaca la Capilla de las Torres en el Castillo, de finales del siglo XV y cubierta con bóveda gótica de crucería. Son los restos de la primitiva Parroquia de Santa María de la Encarnación, mandada construir por los Reyes Católicos al culminar la Reconquista y actualmente llamada de las Torres tras ser destruida por un terremoto. Entre los siglos XVI y XVII fue erigido el santuario de Nuestra Señora de Flores y la Iglesia de la Veracruz, esta segunda en tiempos de Felipe II.